domingo, 15 de noviembre de 2015

Maduras, MILFS y Cougars y su importancia en el porno

Existe, y está bastante extendida, la fijación con las mujeres maduras a la hora de buscar pareja sexual. Y no solo sexual: por sus características, las mujeres que salen con hombres bastante más jóvenes, prejuicios sociales –por suerte en retirada- aparte, les ofrecen una vida calmada y sin sobresaltos que permite hablar también de relaciones estables más allá de la cama, con una visión de la vida diferente de la que tienen las chicas de su edad, otros intereses y otras ventajas que son el atractivo de este tipo de relaciones.



Ahora bien, hay otro aspecto que hay que tener muy en cuenta, y es el sexual. Una mujer de cierta edad tiene experiencia en la cama y sabe cómo hacer cosas que las jovencitas probablemente no han probado nunca, además de que tiene en general más paciencia para conseguir de su amante lo que todos andamos buscando cuando nos acostamos con alguien.

Es otra manera de vivir el sexo, otro ritmo, y para ellos también supone un reto estar a la altura de alguien que ha vivido tantas experiencias y que sabe perfectamente lo que quiere y cómo lo quiere.
De todas formas, las parejas hombre joven – mujer madura son cada vez más frecuentes y cada cual conocerá su historia y tendrá sus motivos para haberse metido en una relación de este tipo, pero además de las maduras que todavía tienen buen aspecto y son atractivas “para la edad que tienen”, están las que se consideran MILF, siglas en inglés de “Mother I’d Like to Fuck”, o “Madre Que Me Follaría”, como se ven en cantidad de videos caseros.

Este término se originó a finales de los años 90 en la jerga de internet, donde nacen muchas de las palabras modernas que utilizamos y que duran más o menos según la suerte que tengan, pero se hizo popular a partir de su uso en la película que no video porno American Pie, de 1999, donde no solo se debatía al respecto, sino que uno de los personajes conseguía hacérselo con la madre de otro, una mujer atractiva de cuarenta y muchos.

Claro que el término MILF se utiliza sobre todo para describir a las mujeres maduras que siguen levantando miradas y torciendo cuellos, o por lo menos era así en el origen, pero la palabrita se ha extendido también en su sentido y se puede oír (o leer) también en muchas ocasiones para referirse a madres literales que siguen de buen ver, lo que incluye a cualquier veintipico o treintañera que haya sido madre. Así cualquiera, ¿verdad? Que, por cierto, si nos paramos a pensar el simple concepto es bastante despectivo y machista, como si se asumiera que el hecho de haber sido madres destroza necesariamente los cuerpos de las mujeres de forma irremediable.

Cuidado con esto, porque no es un tema solamente machista ni de videos x. Cuando una mujer, por los estereotipos que se nos meten en la cabeza desde que somos pequeños, llega a una edad en la que ella misma considera que ya ha pasado su mejor momento, descubre con sorpresa que la siguen mirando con deseo, o incluso que antes no lo hacían y ahora sí por lo que decíamos de que es atractiva “para la edad que tiene”, le puede resultar un agradable descubrimiento y la puede llevar a tener una vida sexual de lo más activa. Ahora bien, esto no deja de ser convertirse voluntariamente en un objeto sexual.


Es una decisión que cada cual debe tomar ante la disyuntiva de dejar de cuidarse tanto porque ya se es “mayor” o convertirse en una “cougar” (puma), término con el que en inglés se define a aquellas mujeres maduras pero de buen ver como las que protagonizan videos pornos que se dedican a “cazar presas jóvenes”, porque saben que pueden y que hay mercado para hacerlo. Las hay que se pasan con el maquillaje y la vestimenta, otras empiezan a retocarse quirúrgicamente para alargar este feliz período, y en realidad lo de triunfar como MILF no está al alcance de cualquiera, de la misma forma que ligar en épocas en las que el cuerpo está en su mejor momento tampoco es algo que se pueda hacer solo con un exceso de confianza. Como en todo en esta vida, hay que saber identificar los propios límites y sobre todo encontrar el equilibrio.